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Jan

Noche de Reyes en vela

Written on January 8, 2008 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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En la madrugada del 5 al 6 de Enero me encuentro escribiendo estas líneas desde uno de los salones de un conocido hotel valenciano, donde ayer pase una noche en habitación y hoy intento no dormir esperando en el lobby a que llegue la hora de salida del tren que me llevara a Cuenca en la mañana del día en el que los niños españoles recogen los regalos de Reyes. Dice un titular de EL PAIS que los Reyes ya han llegado, mientras que yo ojeo por el ventanal del hotel valenciano sin ver apenas coches o actividad en unas calles vacías que esperan con impaciencia a que los niños las inunden estrenando los regalos tan ansiados durante las fiestas navideñas que en breve finalizan.
Los Reyes son tradición y son consumismo, son regalos esperados que buscan premiar al ser querido en un intento de lograr un reconocimiento que no siempre recibimos por ser nosotros mismos. Los Reyes recorren en la noche de hoy el camino inverso al que deberían recorrer, vienen de Oriente Medio trayendo regalos a la abundante Europa, cuando quizás debieran cambiar el curso de su camino y llevar ese oro, incienso y mirra a los olvidados del África Subsahariana, que hoy se tiñe de sangre y se llena de inestabilidad por la crisis de Kenya que quizás nadie lograba anticipar.
Me pregunto si algún año seríamos capaces a nivel colectivo de sacrificar los regalos de Reyes y enviar el total de nuestro consumo a las zonas más necesitadas del mundo, en un sincero gesto para con nosotros mismos alejados de la tradición y el consumismo tan habituales en estos primeros días de año. Me pregunto si algún día seriamos capaces a nivel colectivo de buscar la felicidad de aquellos que no nos son cercanos, en un intento de reducir de forma temporal el gran mal de nuestros días, en un intento quizás de renunciar a los regalos que tan poca falta nos hacen y tan accesorios son. Total, a menudo esperamos a las rebajas de Enero para rematar el gasto desenfrenado que por otro lado tan bien sienta a las grandes cadenas comerciales.


Vivo la noche del 6 de Enero alejado de toda suerte de regalos. No los quiero. No me hacen falta. No busco devolver un agradecimiento artificial a un regalo innecesario. Los que bien me conocen saben que les estimo y aprecio, los seres cercanos saben que les quiero sin necesidad de establecer ningún tipo de acuerdo previo en el que la contrapartida deba regalarme cualquier artículo costoso y quizás de poca utilidad.
Me escapo de las fechas marcadas en el mundo industrializado en las que se espera que nos comportemos de un determinado modo. Me apunto a la espontaneidad. Me apunto al espíritu libre del nuevo siglo entrante. Creo en un mundo nuevo, renovado, que despega, que se levanta con ilusión, y para ello renuncio a todo lo que me han contado hasta ahora, no creo en la tradición si la tradición nos impide avanzar y atacar y atajar la desigualdad y la pobreza, no creo en el arraigo si el arraigo nos separa del consenso, no creo pues no puedo creer en ataduras que me limitan, en camisas de fuerza que me impiden, en disfraces que no muestran mi verdadero yo, mi verdadero sentir. Quiero creer en un mundo nuevo y renovado. Creo querer una nueva concepción de la sociedad, solidaria, que busca la justicia, la equidad. Creer y querer es poder.

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