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Nov

Nunca seré doctor

Written on November 27, 2007 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Hoy parto para Atlanta en el vuelo de las 11 de la mañana, tras haber tomado el matutino “tall capuccino” en el Starbucks de La Guardia, al que llegue tomando el autobús M60 que sale de Broadway con la calle 106 en el oeste de Manhattan. Al dejar el apartamento pude observar como multitud de personas comenzaban a llegar a las inmediaciones del Museo de Historia Natural, para ver el desfile de los muñecos hinchables de Macy’s, que como mandan los cánones y dice la tradición debe ocurrir en la mañana del Jueves de Acción de Gracias, antes de la comida con pavo que acompaña la mesa norteamericana en la sobremesa de este primer día de un largo fin de semana.
Mientras que observo como la gente se apresura a hacer la cola para entrar en el avión, lo que a mi no me inquieta porque el vuelo es de plaza reservada, pienso en la tradición de la que hablaba con anterioridad y recuerdo la entrevista que tuve en Londres en Febrero de 2006 con el programa de doctorado de London Business School, uno de los centros de mayor prestigio internacional en el estudio de las finanzas. En la primera entrevista el joven profesor sueco con reciente doctorado en Berkeley me dijo que un doctorado no consistía en proponer ideas para solucionar problemas como la pobreza y la desigualdad, que un doctorado consistía en centrarse en un problema matemático especifico y desarrollar una línea de investigación consagrada. Nunca seré doctor. Nunca realizare un doctorado si el doctorado me obliga a centrarme en una problemática pasada de moda que no atiende a los problemas de la sociedad. El joven doctor sueco me comento que el propósito de un doctorado no era escribir una novela, la novela tiene que esperar a que el académico se consagre. Es lo que los grandes economistas de nuestro tiempo han hecho. Economistas de la talla de Krugman, Stiglitz o Sachs se han consagrado investigando problemas matemáticos, para en su madurez encadenar libro tras libro sobre como erradicar la pobreza, o como afrontar la globalización.


Nunca seré doctor. Quizás no tenga el talento para solucionar problemas matemáticos, quizás no disponga de la capacidad de darle vueltas en mi cabeza durante cinco anos al mismo algoritmo matemático, quizás no tenga o no quiera tener la paciencia de esperar veinte años a escribir un libro en el que exponga mis ideas. Pero no me importa, no me importa no ser doctor, no me importa no seguir el camino preestablecido por todos esos que presumen de haber concluido una etapa académica superior que les permite entrar en el selecto club de los aspirantes a las medallas y los premios que únicamente satisfacen el ego de unos integrantes empeñados en ir por los caminos que han demostrado no llevar a ningún sitio, estancados en seguir proponiendo los mismos lemas, las mismas teorías, que no han demostrado o no han sabido demostrar su efectividad alabada teóricamente y efectiva en un mundo ideal, el de las matemáticas, tan alejado de nuestra realidad cotidiana.
Nunca seré doctor, pero no me importa. Quiero y deseo saltarme esos veinte años que la comunidad académica internacional establece entre la obtención del doctorado y la escritura del primer libro que recoja ideas cercanas a la sociedad. No necesito demostrar porque no aspiro a ganar medallas ni premios. Ignoro la tradición si la tradición nos estanca en las ideas del pasado y nos separa de un futuro mejor, la esquivo, la regateo, le hago un guiño y me escaqueo.

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