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Nov

A diez minutos de la una

Written on November 22, 2007 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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A diez minutos de la una de la madrugada y en tiempo record me dispongo a y me propongo escribir unas líneas sobre el par de impresiones que he decidido recoger hoy de entre los numerosos pensamientos que atraviesan mi mente de lado a lado, de oreja a oreja, y se desvanecen sin poder remediarlo.
La primera impresión la recogía esta tarde en la cafetería de la calle 80 con Ámsterdam, en una reunión de dos horas con Patrizia, una amiga italiana que dedica sus mejores esfuerzos a dar a conocer al colectivo inversor del primer mundo el apasionante mundo de las microfinanzas que un tal Yunus, por cierto ganador del Nobel de la Paz en 2006, creo hace mas de treinta anos. A los inversores no hay que hablarles de microcréditos, sino de hedge funds, private equity y titulizaciones, para que te hagan un poco de caso y consideren el mundo de los microcréditos parte del universo de activos en el que deciden invertir las ingentes cantidades de dinero de las que disponen y que recientemente han volcado y colocado con todo su afán y sin entender la operativa en fondos que invertían en productos estructurados, colateralizados si el termino lo permite por las susodichas hipotecas basura. Que habría sido de los dimitidos presidentes de Merrill Lynch y Citibank si hubiesen apostado por el microcrédito en lugar de por los productos subprime. Quizás con tasas de repago que en numerosos casos superan el 95% del dinero prestado, otro pájaro cantaría.
Por la noche volví a correr a Central Park tras un día tan intenso como agotador y observe que en la oscuridad de la noche los mapaches del parque se dejan entrever pero se esconden asustados al verme pasar. Unos mapaches quizás temidos u odiados por el viandante diurno que únicamente se dejan ver en la noche. Unos mapaches incomprendidos que bien querrían que alguien se les acercara y diera algo de comer, como hacemos con las inofensivas palomas o las simpáticas ardillas. Y pensaba que el mapache es como el pobre al que vemos cuando paseamos por las calles de nuestras ciudades, un pobre que se aleja y teme pedir porque ha perdido la dignidad de vivir y esforzarse, un pobre que se esconde en su condición y oculta unas habilidades que le podrían catapultar de nuevo hacia el mundo de la oportunidad. Así es como me imagino la vida del pobre extremo que vive con menos de dos dólares al día, un colectivo que asciende a quizás un tercio de la humanidad, un pobre que quiere y no puede y no tiene mas remedio que esconderse.
Queda un minuto para la una y he conseguido narrar en nueve las reflexiones de un día que transcurrió dejando atrás a los mapaches del parque que se dejan entrever en la oscuridad del parque.

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