26
May

Joaquin Garralda 2.jpgcentro2.gif
Expansión en su edición de hoy, cuando cumple 20 años, publica el siguiente articulo escrito por Joaquín Garralda, Vice Decano del Instituto de Empresa Business School y Director del Centro PwC – IE de Responsabilidad Corporativa.
Los elegantes – en términos matemáticos – conceptos incluidos en los “Principia” , la célebre obra de Newton, han servido para explicar la realidad de la física durante muchos años. Sin embargo, que Einstein tuviera que desarrollar una teoría más compleja para explicar los comportamientos en las “fronteras” de la física – situaciones temporales con velocidades cercanas a la luz, distancias enormes medidas en términos de velocidad, etc. – o que la mecánica newtoniana no pudiera explicar la dinámica de las nanopartículas, el comportamiento en situaciones cercanas al cero absoluto (- 273ºC), por poner unos ejemplos, no quiere decir que haya que abandonar, por obsoleta o inútil, una teoría centrada en la fuerza de la gravedad. En la mayoría de las situaciones humanas, Newton sigue siendo la referencia para comprender la realidad que nos rodea y poder comportarnos racionalmente, logrando nuestros propósitos y evitando riesgos previsibles.
Haciendo un paralelismo con la economía, podemos decir que las afirmaciones de Milton Friedman, reduciendo el objetivo de la empresa a maximizar el valor para el accionista, sigue siendo en muchas circunstancias la brújula que ayuda a los directivos a tomar decisiones, eligiendo entre las opciones posibles, y produciendo indirectamente el bienestar general mediante una asignación eficiente de los recursos disponibles.
Sin embargo, desde el campo académico, algunos autores critican este planteamiento de atender únicamente los intereses de los accionistas, argumentando que no explica bien la realidad en entornos en los que los contratos implícitos, las inversiones específicas, los efectos externos y la información asimétrica – por citar algunos temas – son las circunstancias normales. Por tanto, según esta argumentación, si un directivo en este entorno toma sus decisiones maximizando sólo el interés de los accionistas, probablemente conducirá a su organización a una situación subóptima, incluso poniendo en peligro la supervivencia a largo plazo. Utilizando un concepto muy en boga, puede estar arriesgando su Sostenibilidad.


También desde otros campos, tanto por parte de líderes políticos como en comunicados de organizaciones del Tercer Sector, se hacen declaraciones públicas insistiendo en que todas las empresas deben actuar siguiendo los principios de la Responsabilidad Corporativa (RC). Alarmando a los directivos unos con el establecimiento de posibles normas y otros aduciendo riesgos fulminantes de represalias por parte del consumidor.
Ante esta situación los dirigentes empresariales pueden pensar que el principio de la maximización del valor para el accionista – como único criterio que oriente en la elección entre opciones – es un principio que cada vez va a ser menos aplicable en el entorno competitivo y que por tanto, se irán reduciendo rápidamente los sectores en los que es útil su aplicación. En definitiva, que sacan la conclusión de que han de adherirse -sin mucha convicción en algunos casos y con bastante desconocimiento sobre sus implicaciones en otros muchos – a unos principios que curiosamente se pueden entender como la antítesis a una frase que hace años decían los empresarios con mucho vigor: “No somos una ONG”; o su variante más castiza “no somos hermanitas de la caridad”.
El objetivo de este artículo es apuntar que se deben especificar las circunstancias donde el paradigma neoclásico de Friedman explica la realidad competitiva con acierto, distinguiéndolas de aquellas otras en las que se ha de ampliar el número de “grupos de interés” – además del accionista – a tener en cuenta en la toma de decisiones de la empresa, sin por ello producir una pérdida de riqueza general, ni de disminuir la ventaja competitiva de la empresa. La razón básica de la prudencia generalizada de los directivos para incluir más “grupos de interés”, es la enorme complejidad que somete a la gestión el tener que utilizar varios criterios – y prioridades cambiantes – a la hora de tomar una decisión.
En una investigación que se está realizando en el Centro de Responsabilidad Corporativa PwC – IE, se ha desarrollado un modelo que puede ser de gran ayuda a la hora de tomar decisiones, ya que permite: a) hacer un análisis estratégico riguroso con el fin de extraer conclusiones sobre si la gestión estratégica de una empresa ha de incluir actividades del tipo RC o no; b) orientar sobre aquellas actividades de RC que sean más relevantes según el sector; y, c) ayudar a establecer los límites en los recursos empleados, siguiendo el principio de eficiencia.
El modelo analiza los factores que determinan en un sector el grado de “urgencia” de actuar siguiendo los principios de la RC: El nivel de regulación; las opciones de diferenciación; y la naturaleza de los contratos. Y para complementar el análisis, se incluyen otros tres parámetros internos: la propiedad y gobierno de la empresa; la cultura interna; y el liderazgo, que son los que determinan la posible velocidad de adaptación de la gestión a este nuevo paradigma.
Es necesario matizar los límites que condicionan la maximización del valor para el accionista, como ya lo hiciera Milton Friedman en su famosa cita (que desgraciadamente pocas veces se incluye entera) en la que indicaba que la responsabilidad del directivo es dirigir la empresa de acuerdo con los deseos de sus empleadores (los propietarios) que generalmente son: “… to make as much money as possible while conforming to their basic rules of the society, both those embodied in law and those embodied in ethical custom.” . Es decir, que la gestión ha de estar supeditada no sólo a “la legalidad vigente”, sino también a las “costumbres éticas”. Friedman no propone un directivo que sea un “homo economicus” despiadado, sólo buscando el máximo interés de los accionistas y “bordeando la ley”, sino que para realizar correctamente su labor también debiera tener en cuenta las demandas sociales que forman parte del “bien general que marca la costumbre”, que evidentemente en la época actual está mostrándose más exigente.
En definitiva, con este modelo se trata de disponer de un marco conceptual que ayude a saber si se está en un terreno en el que la RC forma parte de las claves competitivas o no, y en caso afirmativo, cómo entender los comportamientos que se producen y, consecuentemente, cómo optimizar la respuesta o elegir la acción competitiva más conveniente.
Siguiendo el paralelismo con el paradigma de Newton, cuando el máximo directivo de una empresa se plantea si debe seguir o no las “modas” que marcan las grandes empresas, debe reflexionar con rigor si sus circunstancias competitivas son “normales” o si se parecen más a un entorno de “astronauta” o de “científico nuclear”.
1. El título correcto es: “Philosophiae Naturalis Principia Mathematica”; que se traduce por:”Principios matemáticos de la Filosofía Natural”
2. The Social Responsibilty of Business is to Increase Its Profits, The New York Times Magazine, September 13, 1970

Comments

No comments yet.

Leave a Comment

*

We use both our own and third-party cookies to enhance our services and to offer you the content that most suits your preferences by analysing your browsing habits. Your continued use of the site means that you accept these cookies. You may change your settings and obtain more information here. Accept