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   March 25, 2008   


El carro innovador


J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Esta noche he decidido salir a correr a Central Park en un día lluvioso que ha inundado el parque pulmón de Manhattan. Corriendo he podido contemplar la renqueante nieve que desaparece con temperaturas sobre cero, una nieve que cayo el pasado fin de semana mientras yo disfrutaba del sol en la bahía de San Francisco.

Terminando la carrera he pasado a comprar por el Gristedes de la esquina de la 85 con Columbus. Para mi sorpresa he podido utilizar un nuevo carro de la compra, mas pequeño, mas accesible, que me permite no agacharme a dejar los comestibles que voy adquiriendo a medida que deambulo por el supermercado, un carrito de la compra innovador, que nunca pude imaginar pero que hoy me descubre un nuevo mundo de posibilidades en el universo de los carritos de la compra.

Realmente no se como he podido vivir 31 años sin utilizar este tipo de carrito, de escaso tamaño y fácil manejo, de doble nivel que me permite depositar los utensilios que voy adquiriendo sin necesidad de agacharme. No se quien lo ha inventado, pero tengo claro que a partir de hoy renuncio a los carritos del pasado.

La innovación existe y es deseable. Debemos proveer a nuestra economía de mecanismos que permitan que el individuo innove, debemos desarrollar políticas económicas que permitan la creación de incentivos que motiven al individuo a arriesgar y salir de su cascaron.

La innovación también existe en política. Los grandes partidos mayoritarios son como ese carrito que utilizaba la semana pasada, antiguo, renqueante, que se estanca y atasca, torpemente grande y de fondo bajo que me obliga a agacharme para dejar las cosas. Únicamente cuando alguien innove en política seremos capaces de dejar atrás las estructuras dirigentes del pasado, que no saben proponer, que se atascan torpemente en discusiones sobre quien hizo que, que dicen digo donde dijeron Diego, que no saben o no quieren proponer ideas de futuro por miedo a perder el sustento popular que les permite trabajar, quizás por miedo a no encontrar un trabajo digno en la industria privada, para la que quizás no estén preparados en una dinámica de crispación que no hace ningún favor a nadie, excepto a aquellos que permiten perpetuarse en el poder con el beneplácito de la ciudadanía, que en un conato de frustración continua decide votar a los de siempre porque el sistema no premia la innovación por miedo al fracaso.

El fracaso es un miedo del pasado que limita el potencial de futuro y nos hace esclavos y dependientes de la mediocridad actual.


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Posted on 25 March 2008 in Development

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