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November 06, 2006Ecoinnovación: Cuando competitividad empresarial y sostenibilidad ambiental se dan la mano
El concepto de ecoeficiencia se encuentra en la actualidad totalmente consolidado, tanto en la teoría como en la práctica de la gestión ambiental. Fue acuñado en 1992 por las compañías pertenecientes al World Business Council for Sustainable Development (WBCSD): “La ecoeficiencia se alcanza al proporcionar bienes y servicios a un precio competitivo, que satisfagan las necesidades humanas y aporten calidad de vida, al tiempo que reducen progresivamente el impacto ambiental y la intensidad de recursos a lo largo del ciclo de vida, hasta un nivel compatible con la capacidad de carga estimada del planeta.” El WBCSD identifica siete elementos para la generación de ecoeficiencia: reducción en la intensidad material; reducción en la intensidad energética; reducción en la dispersión de sustancias tóxicas; aumento de la reciclabilidad; maximización en el uso de renovables; aumento en la duración del producto; e incremento en la intensidad del servicio. La ecoeficiencia es, en definitiva, una filosofía de gestión que permite guiar y medir el desempeño ambiental de las empresas y mediante un proceso de mejora continua, y por lo tanto incremental. Su puesta en práctica es sin duda una condición necesaria para minimizar el impacto ambiental en el entorno de la actividad empresarial; por desgracia, no parece que sea suficiente frente a la urgencia, y en ocasiones la irreversibilidad, de los grandes problemas ambientales. Por otra parte, en muy pocas ocasiones esas mejoras incrementales añaden un valor visible a los bienes producidos y, por lo tanto, difícilmente aportan una ventaja competitiva a las empresas que los comercializan. Aceptando que el coste del deterioro ambiental será devuelto tarde o temprano al sistema económico que lo produce, y que es inevitable asumirlo, la ecoinnovación permite reducir ese coste y/o generar un beneficio global que lo supera. Los beneficios sociales de la ecoinnovación parecen evidentes: ayuda a la sociedad a crecer y prosperar de un modo ambientalmente sostenible; colabora a crear una economía más competitiva, creativa e innovadora; contribuye a la creación de nuevos mercados, industrias y empleos; más allá, la ecoinnovación puede constituirse en el trademark de una economía, reconocido por sus clientes y demás partes interesadas. Sin embargo, la generación de la ecoinnovación dependerá fundamentalmente de los beneficios privados que reciba el innovador. Es indiscutible que el modo en que las empresas organizan sus procesos de producción y las características de los productos y servicios que lanzan al mercado tienen una influencia crítica en el medio ambiente que nos rodea. La introducción de cambios importantes en esas decisiones dependerá de la valoración que las empresas hagan de sus potenciales beneficios y riesgos. Por desgracia, con frecuencia las encuestas muestran que las empresas conocen muy poco, o nada, sobre los costes o beneficios de sus actividades ambientales. Adicionalmente, al margen de su disponibillidad para ecoinnovar, la capacidad de las empresas para hacerlo estará condicionada por los sistemas nacionales e internacionales de innovación de los que dependen. La ecoinnovación puede ayudar a fomentar la competitividad de las empresas de diferentes modos: (1) mejoras en las operaciones y reducción de costes por ineficiencias en la gestión de recursos; (2) reducción de costes de control de la contaminación y de gestión de residuos; (3) reducción de riesgos de incumplimiento de la normativa ambiental; (4) la propia comercialización de la innovación; (5) mejora en la imagen y en las relaciones con clientes, proveedores, autoridades y empleados. En general, los beneficios de la ecoinnovación no son medidos por las empresas ni por las agencias estadísticas, lo que sin duda colabora con la tradicional apreciación del medio ambiente como una carga más que como una potencial fuente de ventaja competitiva. Sin embargo, un reciente estudio (IMPRESS, 2003) llevado a cabo sobre más de 1.500 empresas de todos los sectores de manufactura y de servicios en cinco países europeos establece, entre otras interesantes conclusiones, que la adopción de la innovación ambientalmente más beneficiosa había implicado un incremento en las ventas para el 16% de las empresas encuestadas. Otro encuesta aún más reciente (ADL, 2005) realizada sobre cuarenta empresas globales en las que la tecnología es clave para el negocio y ubicadas en Europa, EE.UU. y Japón, concluye que el 95% de las compañías encuestadas cree que la ecoinnovación tiene el potencial para generar valor en el negocio. De aquéllas que declaran haber integrado ya la sostenibilidad en sus negocios, un 60% reporta beneficios en su facturación y un 43% en sus resultados finales a consecuencia de la reducción de costes. Como quizás cabía esperar, de entre aquellas empresas que aún no han integrado la sostenibilidad pocas ven en la ecoinnovación potenciales beneficios en términos de cuota de mercado, ingresos y márgenes. La ecoinnovación entrega sus beneficios a aquellas empresas que adoptan una actitud proactiva, una búsqueda voluntaria de la mejora en lugar de una aproximación reactiva frente a la regulación. Esta estrategia reactiva es la que ha primado en el tejido empresarial europeo durante los últimos 30 años. Lamentablemente, son todavía muy pocas las empresas que han integrado formalmente los aspectos ambientales en su estrategia de negocio y en su proceso de innovación, siendo ambas condiciones necesarias para la gestación de la ecoinnovación. La creciente implantación de sistemas de gestión medioambiental (ISO 14001, EMAS) y la búsqueda voluntaria de la ecoeficiencia puede colaborar en este sentido, pero es evidente que no es suficiente. Los movimientos más recientes hacia la proactividad en materia de responsabilidad corporativa también son patrimonio de un reducido número de empresas, y no están necesariamente orientados al proceso de innovación. Alcanzar los beneficios de la ecoinnovación requiere alterar los criterios de diseño de producto, renegociar relaciones con los proveedores, desarrollar nuevas habilidades en los recursos humanos, cambiar la tecnología de la empresa y sus procesos productivos, y desarrollar nuevas relaciones con los clientes. Obviamente, los cambios a esta escala se encuentran con numerosas barreras a superar. Sin embargo, corresponde a las empresas dotarse de la estrategia y capacidades que permitan el éxito de sus negocios a través de la ecoinnovación, pasando de una actitud reactiva a una proactiva frente a las presiones ambientales. Esta transición no es sencilla y requiere numerosos cambios dentro de las organizaciones. Exige la implicación directa y el compromiso de la dirección en la integración de la innovación y la sostenibilidad en la cultura de la organización. Exige la consideración explícita de los aspectos ambientales en los procesos de estrategia de negocio y de innovación, mediante el establecimiento de objetivos concretos y accesibles que permitan alcanzar beneficios tangibles. Exige una visión de largo plazo respecto a las potenciales necesidades de los consumidores en materia ambiental, así como sobre las futuras exigencias del resto de partes interesadas en nuestro negocio. Este proceso puede ser largo, lento, costoso y tal vez frustrante en el corto plazo. Tal vez no muchas empresas puedan permitirse liderar esta transición. Lo que parece evidente es que pocas podrán elegir mantenerse al margen de ella. Nota 1: http://www.impress.zew.de/ Posted on 6 November 2006 in Environment Trackback PingsTrackBack URL for this entry: CommentsPost a comment |
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