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May

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Yanire Braña, Directora Programa MET
Publicado en MateriaBiz.
Competencia por el talento y el poder de la marca son condicionantes fundamentales del ambiente de negocios actual. En este marco, la gestión de la diversidad es un componente esencial de la innovación para crear y mantener ventajas competitivas.
En estos tiempos globalizados de mercados cambiantes, la innovación es la única vía para mantener o crear una ventaja competitiva sostenible en el tiempo. Pero las empresas más innovadoras saben que innovar no se reduce únicamente a crear o modificar productos o servicios.
En ocasiones, lo importante es la creación de una infraestructura de personas y procesos para responder a las necesidades actuales o futuras. Muchos de estos procesos son formales, explícitamente definidos y documentados. Otros, no menos importantes, son informales y toman la forma de rutinas o modos de trabajo que evolucionan con el tiempo. Ahora bien, la necesidad de crecer y rentabilizar el negocio hace que muchas empresas centren su mirada en la innovación relacionada con sus competidores y clientes.


Por ejemplo, las organizaciones diseñan estrategias de fidelización y retención de clientes y empleados, olvidándose del tamaño de su mercado potencial.
En efecto, ¿que sucede con los no competidores, no empleados y no clientes?
Este universo suele ser difícil de conocer y segmentar, dados los grandes cambios demográficos, económicos y socioculturales de nuestra época.
Así, para maximizar las oportunidades de innovar con éxito, es necesario invertir en la investigación de las diferencias de los mercados, yendo más allá de la demanda existente y abriendo las puertas a una nueva masa hasta ahora inexistente.
Ahora bien, los objetivos y beneficios de la innovación parecen estar claros. Sin embargo, a la hora de llevarla a la práctica, muchas empresas olvidan los ingredientes clave del proceso.
No es ninguna novedad que, para impulsar nuevas ideas, experiencias y conocimientos se necesitan ciertas capacidades y recursos.
En los últimos años, se ha hablado mucho de la diversidad como herramienta para fomentar la creatividad y la innovación.
No obstante, la diversidad útil para estos fines no es la de religión o sexo, sino las diferentes perspectivas o formas de ver el mundo, experiencias, capacidades y formas de pensar: la diversidad intangible.
Esta es la diversidad que contribuye al cambio de cultura y de la forma de ver el negocio, descubriendo oportunidades en mercados donde actualmente no opera la empresa.
Así, una innovación exitosa exige diversidad. Y ésta, a su vez, necesita directivos capacitados para gestionarla, comunicación y la creación de entornos que promuevan el respeto y la inclusión.

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