J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University

Espero a Patrizia en el gimnasio más exclusivo de Manhattan, de la que ella es miembro. Nos tomaremos un café y continuaremos nuestro trabajo en microfinanzas. Entretanto espero en el lobby del gimnasio, mientras que veo aparecer a un sinfÃn de adineradas personas que parecen disfrutar del sábado por la mañana en un Nueva York que hoy amaneció nublado y nuvioso tras una noche nasty, nasty.
Miro por la ventana y veo el Hotel Empire, y unas calles con desconchones, unas aceras mal cuidadas, un transporte público sucio y lleno de roedores. No me resultarÃa extraño si no hubiese vivido en Madrid, Paris, Londres o Stuttgart, no me resultarÃa extraño si no supiera que la sociedad norteamericana en términos per-capita es una de las mas ricas del mundo, por encima de muchos paÃses europeos, por encima de España. El deseo colectivo de no querer redistribuir de forma más acentuada les conduce a un conformismo ligado a la tolerancia de una desigualdad más pronunciada que la que vemos en las calles de Europa. Se habla del sueno americano como la esperanza para muchos pobres, para muchos inmigrantes que llegan a la tierra de la oportunidad sin nada, de salir adelante. Pero el sueno americano tiene cada vez mas pinta de una aleatoria loterÃa que quizás, en el caso mas probable, no te toque.
No creo en una sociedad que no cree en la predistribución. No creo porque a menudo el que no tiene no elige no tener, porque a menudo el desamparado no elige su situación, y en un cÃrculo vicioso se enreda en endeudamientos progresivos que le atan, le limitan, le impiden, agobian, agotan y desahucian. Asà el que tiene mas acumula a costa del resto de los mortales.
Se ponen de moda las empresas que fabrican y venden productos de calidad a un precio justo: lease Ikea, o las compañÃas aéreas de bajo coste. No debemos pagar mas de lo justo por un producto, pues no es ético, pues no es sostenible, pues el consumo por encima de determinados niveles se realiza a costa necesariamente de los que menos tienen, porque vivimos en un mundo de recursos finitos, de alimentos finitos para alimentar a una población que demanda ser alimentada.
Veo a personas que trabajan duro entre semana para poder descansar, seguro que piensan que pasar medio dÃa en este lujoso gimnasio es el merecido descanso a unos esfuerzos pronunciados que requieren de un nivel de habilidad superior, que otros, quizás no tienen, porque no se esforzaron en adquirir un determinado nivel de educación, o simplemente quizás porque no pudieron pagar una educación de calidad por estar mas allá de su nivel de renta.
No ataco el lujo, pero lo sitúo en un contexto de desigualdad global en el que los desequilibrios nos deberÃan obligar a no consumir por encima de lo adecuado o polÃticamente correcto, y trasvasar el excedente a aquellas partes del globo necesitadas en modo de predistribución. Lo hacemos a nivel nacional, quizás deberÃamos comenzar a proponeros hacerlo a nivel internacional.


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