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Mar

Dos mundos y una bahía

Written on March 6, 2008 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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He vuelto a Berkeley tras pasar dos días en Palo Alto y la zona sur de la bahía de San Francisco, acogido por mi amigo bangladeshí Sakhawat en una de las zonas más exclusivas de Estados Unidos. Ayer noche cene con Sakhawat y Ioannis en un restaurante griego en Palo Alto, rodeado de lujo, glamour y gente adinerada, rodeado de pequeños sabiondos que gracias a las fortunas de sus padres pueden permitirse asistir a una de las más exclusivas universidades del país, la Universidad de Stanford, donde hasta ayer creía querer estudiar, mas quizás cambie de opinión, mas quizás no me siente cómodo en un mundo artificial en el que el individuo no cree en la predistribución y expatría al necesitado que se acumula en las calles de San Francisco, en un mundo artificial en el que el poseedor del talento se equipara con los sin techo y argumenta que estos merecen su condición de desamparados por su negativa a incorporarse al mundo laboral. Parte de razón quizás tienen, pero no la razón absoluta. Por ello creo en la predistribución como modo de compensar las injusticias que observamos y sufrimos al nacer.
He continuado discutiendo con Carles, buen amigo catalán y próximo doctor en finanzas, sobre la conveniencia de la desigualdad, y de que niveles de desigualdad son justificados y soportables. Parecemos diferir en nuestro parecer. Pero estamos de acuerdo en que un cierto nivel de desigualdad es necesario si pretendemos que incentivar al individuo para esforzarse en acceder a una vida más cómoda, a una vida con más privilegios. Sin embargo creo que un individuo debería poder acceder a una serie de servicios y de infraestructuras mínimas que le garanticen una minima dignidad como individuo, en una sociedad que puede y debe crear redes de cobertura que atiendan al desamparado, identificando a aquellos que realmente necesitan de aquellos que esperan ser compensados sin merecerlo.


La desigualdad es Estados Unidos y Europa es sin embargo soportable y no llega a los niveles vergonzosos que observamos en America Latina, África y el Sur de Asia. Vergonzosos para los individuos de alta renta per capita de esos respectivos países, que temiendo por la perdida de su estatus, prefieren continuar con la dinámica que han observado a lo largo de múltiples décadas durante las que el nivel de desigualdad únicamente se ha acrecentado. Vergonzosos para los habitantes del primer mundo, mundo rico, mundo occidental o mundo industrializado según decida acunarse el termino que poco importa, pues las instituciones económicas internacionales que fundamos en tiempos de postguerra no han cumplido con el digno objetivo de sacar al mundo en vías de desarrollo de la pobreza, porque sus políticas prestamistas han seguido principios de condicionalidad que les obligan a perseguir políticas macroeconómicas que pretendían imponer el sistema capitalista en un mundo bipolar que mantenía en la denominada guerra fría dos perspectivas o formas de entender el mundo opuestas.
Hoy me siento cómodo en la ciudad de Berkeley, donde se ubica la reconocida Universidad de California-Berkeley. Desde la Casa Internacional y mirando hacia el Golden Gate en un día nublado creo ver un mundo de contrastes que me invita a continuar explorando diferentes enfoques de entendimiento que no siempre convergen y a menudo se solapan.

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