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Sin marcha atrás

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Vivimos en un mundo de retos que necesitan de la urgencia del tratamiento, de la precipitación de la asistencia, de la satisfacción de la necesidad inmediata, de la consolación preferente, de la efectividad acelerada.
No hay marcha atrás. No hay posibilidad de lamentarse de los errores del pasado, que fueron, que existieron, que desolaron Europa y el mundo, que azotaron a muchos con injusticias que hoy consideramos alejadas, extraditadas, ajenas a nuestras cómodas vidas de estabilidad, de felicidad, en una Europa que fue rescatada por Estados Unidos en unos años en los que la amenaza del fascismo amenazaba con borrar la dignidad del ser humano del globo.
Ensalzo los tiempos de postguerra que crearon las instituciones internacionales, que pusieron la primera piedra de las Naciones Unidas, del Fondo Monetario, del Banco Mundial. Alabo el trabajo de los visionarios de la época de mitad del siglo veinte. Pero esos esfuerzos se agotaron, y necesitan de un nuevo manantial de agua fresca que invada nuestros corazones y nos hagan mirar al futuro con optimismo, con la garantía de saber que se puede cambiar el panorama de desolación que arrasa la mitad del globo.


Hoy sentado en este sillón de oficina en la ciudad de los rascacielos prometo luchar por cambiar este mundo, prometo pelear por proponer otros puntos de vista, por hacer potencialmente factible el lema de que otro mundo es posible. Desde este cubículo, desde este rincón más de un mundo sin ideas garantizo que no renunciare a mi ilusión, a mi inquietud, una inquietud insaciable que quiere ver al pobre salir de la pobreza, que quiere ver a las potencias afrontar su definitivo rol.
No hay marcha atrás. Hay que comenzar un largo camino que nos lleve a la senda del optimismo, que nos permita comenzar a construir en África y Asia del Sur, en America Latina y Centro America, para que algún día mis nietos miren hacia arriba y digan, abuelo, ¿Cómo vivían los pobres, que era pasar hambre, porque los antepasados se mataban en guerras y no eran capaces de solucionar las cosas hablando?
La Segunda Guerra Mundial vio morir a 27 millones de personas. Estados Unidos perdió 300,000 vidas en un afán de entrega y sacrificio que únicamente la superpotencia es capaz de afrontar. Las pifias y meteduras de pata de la política exterior de George Walker Bush, su creciente impopularidad en Europa y Estados Unidos, no nos pueden hacer olvidar al amigo norteamericano, que lucha por la igualdad y la justicia en el mundo, que es optimista de espíritu y de corazón.
Es hora de asumir el papel que nos corresponde como sociedad. Es hora de que Europa asuma el rol que le corresponde. No hay marcha atrás. No hay marcha atrás.