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Jan

La insuficiente propina de occidente

Written on January 8, 2008 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Hoy sábado noche trabajo en la oficina en Londres tras un par de días ajetreados en la ciudad de la niebla, el nublado y los nubarrones. En el corcho de la cocina de la oficina cuelga una bolsa de plástico con una pegatina que dice ‘stamps for charity’, en cuyo interior descansan desde hace ya varios meses una veintena de sellos usados que al cambio no valen mas que unos peniques.
La descripción anterior escenifica el papel que juega la caridad o charity en ingles de occidente para con el mundo pobre. Esa caridad de las que nos sentimos orgullosos y que nos hace a menudo dar una limosna al pobre de la esquina, o apadrinar a un niño en el Perú o en Colombia. Hoy noche digo que esa caridad no es suficiente. Hoy digo que esa caridad no cambiará nunca la cara de un mundo desigual. Hoy noche puedo afirmar que sin cambios estructurales de fondo en la forma de concebir el mundo el pobre seguirá siendo pobre y vivirá en la pobreza, a pesar de la caridad proveniente de occidente.
La caridad es como la propina que se deja en un restaurante al camarero por haber hecho su trabajo pese a trabajar en unas condiciones infrahumanas. En lugar de levantarnos indignados y denunciar ante las autoridades las condiciones infrahumanas en las que trabaja el camarero y el cocinero del restaurante, continuamos yendo al restaurante a comer quizás porque no queremos andar un poco mas y comer en un restaurante que impone unas condiciones mínimas de dignidad al camarero y al cocinero, quizás porque no nos queremos gastar un poco mas de dinero en un restaurante que impone unas condiciones mínimas de dignidad al camarero y al cocinero. O no nos movilizamos porque vemos que el resto de la sociedad no lo hace. Nos da vergüenza gritar que el cocinero y el camarero trabajan en unas condiciones infrahumanas.


La caridad es a menudo una herramienta de auto-complacencia en la que nos escudamos para no escandalizarnos por la diferencia de renta abismal entre unos y otros, en una posición que nos exime de responsabilidad, total hacemos lo que podemos en un mundo globalizado regido y dirigido por unas fuerzas económicas y políticas que no controlamos. Pero recuerde que usted elige donde abrir una cuenta bancaria. Pero recuerde que usted elige a sus políticos de turno. En un capitalismo democrático la fuerza del consumidor de a pie podría vencer al gran mal de comienzos de siglo: el capitalismo extremo y especulador que únicamente busca aumentar el beneficio, el capitalismo de las grandes fortunas, avaras por definición, que a menudo invierten y desinvierten sin criterios éticos o medioambientales.
Nos complacemos de nuestra caridad a ciegas, sin ver cual es impacto. Hemos decidido construir una pared entre nuestro mundo y el mundo pobre, cuando realmente las tecnologías de la información de comienzos del siglo veintiuno nos permitirían monitorizar constantemente el estado de millones de personas que viven en la pobreza mas extrema, mas deleznable, desgraciada, despreciable, una pobreza que nos debería hacer poner el grito en el cielo, una pobreza vergonzosa, injusta y sobre todo innecesaria. Innecesaria porque existen hoy en día herramientas que permitirían llevar a cabo obras de gran magnitud que llevaran infraestructura y estabilidad a las sociedades más necesitadas. Innecesaria porque un gran consenso de los poderes económicos y políticos del mundo occidental tendría la capacidad de crear sinergias nunca vistas con el potencial de cambiar para siempre una cara del mundo destrozada por las grandes carencias de nuestra sociedad.
No desprecio la caridad de Occidente, desprecio la capacidad que la caridad tiene para generar autosatisfacían y hacernos creer que somos buenas personas, que con nuestros actos cotidianos de generosidad resolvemos los grandes problemas del mundo. El mundo necesita de un jarro de agua fría que cambie el rumbo actual. Únicamente un cambio de timón hace factible una versión del capitalismo menos extrema y mas social, que utilice la innovación financiera para generar riqueza para todas las clases sociales, que reinvierta en el bienestar de todos y cada uno de los habitantes del globo, que redistribuya de ricos a pobres y de a estos las herramientas de salir hacia adelante sin necesidad de recurrir a la limosna del rico y de la multinacional.
La caridad del mundo rico. No la desprecio. Desprecio su capacidad de generar autocomplacencia y satisfacción mutua.

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