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Nov

La maratón de Nueva York

Written on November 5, 2007 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Hoy volví a reincidir corriendo en Central Park en una noche de Sábado víspera de la maratón de Nueva York en la que por primera vez este ano no me he cruzado con ningún otro corredor, debe de ser que en Sábado noche no corre nadie, o quizás que los corredores se reservan en su jornada de descanso para la maratón que mañana cruzara las calles de Nueva York.
En un Central Park preparado para recibir a los miles de corredores que mañana se dan cita en la maratón de la gran manzana, he podido observar desde el pasado Miércoles como poco a poco se van desplegando los medios e infraestructura para acoger tan magno e importante evento, en el que se dan cita a ojo de buen cubero y si memoria no me falla mas de tres decenas de miles de corredores, ávidos por recorrer una maratón de renombre internacional.
Y mientras corro por Central Park pienso como se despegan los medios e infraestructura que permiten que un gran evento se lleve a cabo. Y mientras prosigo con mi carrera pienso en que los medios se despliegan sin que los ciudadanos de a pie nos percatemos, con el beneplácito y el visto bueno de las autoridades, que permiten, que aprueban, que se realicen cambios temporales en una ciudad, para que una carrera que cita a miles de corredores pueda tener lugar. Y pienso lo fácil que es organizar y estructurar con el beneplácito de las autoridades, y lo difícil que seria organizar y estructurar sin su visto bueno.


La vida es un transcurrir lleno de analogías que relacionan conceptos, acontecimientos, sucesos, hechos. No puedo dejar de pensar que fácil serian tantas cosas en este mundo con el beneplácito de las autoridades, con su visto bueno, y que difíciles son en la actualidad porque la clase dirigente del mundo rico no quiere, o no se atreve a dar el pistoletazo definitivo para que determinadas estructuras vigentes en el mundo actual dejen de existir o cambien. Una clase dirigente incapaz que no quiere porque teme perder privilegios, o no puede porque teme perder votos de aquellos que quizás pierdan privilegios.
Quiero ver a una clase dirigente sin miedos a acometer cambios para retomar el rumbo en este mundo del siglo veintiuno. Quiero ver a una clase dirigente sin miedos a asumir los problemas del mundo como nuestros para comenzar a cambiar lo que llevamos muchos anos ignorando. Los dirigentes deben asumir su papel y su responsabilidad y compartir con la ciudadanía las inquietudes de un mundo globalizado. Como las autoridades neoyorquinas que facilitan la puesta en marcha de la maratón. Con facilidades los cambios son factibles. Rememos todos en la misma dirección. Creamos un mundo sostenible y un estado del bienestar global. Pues es la tendencia. Pues es la inercia, y por más que queramos parar, únicamente lograremos ralentizar unos cambios necesarios para que esta sociedad renazca de sus cuasi cenizas y de la bienvenida a un nuevo concepto de igualdad y justicia global.

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