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Oct

El patio de colegio

Written on October 17, 2007 by Max Oliva in Development

J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University
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Hoy volvía de la Universidad de Columbia para encontrarme con Ozgur, una amiga turca que conocí el ano que estudie tercero de bachillerato en San Antonio, Texas. Mientras que bajaba por la calle 84 entre las avenidas de Ámsterdam y Broadway, dejaba a mano derecha una escuela primaria de cuyo patio de recreo me separaba tan solo una valla alta y metálica que dejaba entrever un patio lleno de niños, juegos y felicidad, lleno de infancia que desconoce la dureza de la vida a la que se enfrentan los adultos, una infancia que vive en la ignorancia de los problemas serios a los que se enfrenta el ser humano, aislada por sus padres de todo aquello que les pueda causar daño.
Pensaba mientras contemplaba el jugar de tantos niños en que lado me gustaría estar. En un lado de felicidad e ignorancia, de mundo perfecto durante un tiempo limitado, o al otro lado de la valla, en mundo arisco en el que todos competimos y peleamos por las mismas oportunidades, un mundo de incertidumbre, un mundo de libertad y recorrido alcista de potencialidad. Y veía en esa separación caprichosa una analogía a la separación entre este primer mundo, mundo rico o mundo industrializado según se le quiera llamar, y el mundo pobre o en vías de desarrollo. Una separación que hemos creado los humanos a nuestro libre albedrío, y que nos hunde e inunda simultáneamente en un mundo de felicidad e ignorancia, apartándonos como a esos niños que juegan en el patio de recreo, únicamente durante un tiempo, de la realidad arisca de un mundo en hambre y necesidad.
Dichosos los niños que serán niños por siempre jamás. Dichosos aquellos que pueden vivir en un mundo ideal alejados del sufrimiento, del dolor, de la guerra, del hambre, de la pobreza, de la desigualdad. Pero en un mundo de calamidad frecuente yo elijo estar en este lado de la valla, que lucha, que sugiere, que propone, un nuevo enfoque, una nueva manera de pensar, para avanzar, para conseguir vencer la batalla, el frente de la desigualdad, de la pobreza, para algún día poder levantar la cabeza y decir dichosos los seres humanos que viven en un planeta de oportunidad, en un sistema justo, que premia el esfuerzo allá donde este se produzca, que no construye barreras, que no tiene miedo de afrontar los problemas del día a día, que no se evade en su noción particular de felicidad, en su patio de recreo individual.
Quiero volver a ser niño en un mundo de oportunidades.

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