J.Pozuelo-Monfort, MPA candidate at Columbia University

Bajaba esta noche por la calle 90 entre las avenidas de Madison y Park Avenue y observo como una pareja de seniors, los asà denominados jubilados en Estados Unidos, pasean a sus caninas mascotas bajo la luz de la luna de esta apacible noche de un joven Otoño en la ciudad de los rascacielos. No salà de mi sorpresa cuando pude apreciar que el caballero que paseaba por detrás de la señora era el mismÃsimo Paul Newman, y pensé que en este mundo de poderosos, apoderados y desposeÃdos, se entremezclan estos y aquellos sin darnos cuenta de que a fin de cuentas, todos estamos hechos de la misma materia.
No hay sociedades mejores o peores. Quizás algunas se han dado cuenta de la validez de determinadas estructuras legales, que hacen del compromiso y la disciplina el pan nuestro de cada dÃa. El valor del contrato es crucial en la sociedad occidental, porque disciplina a la parte y a la contraparte, porque penaliza al que no cumple lo pactado, y establece un poder judicial que vela por la legalidad del mismo.
En unos últimos dÃas de Septiembre en los que dedico parte de mi valioso tiempo a buscar apartamento en esta jungla de asfalto, me doy cuenta de que la informalidad del compromiso conduce al desprecio del rigor. Un rigor sin el que muchos ámbitos de esta sociedad democrática a la vez que capitalista del siglo XXI en la que vivimos y convivimos en la actualidad, no serian factibles. Un rigor necesario que respeta lo pactado y sienta las bases de una sociedad moderna basada en la legalidad. Es la cara visible del estado de derecho, tan mencionado por la clase polÃtica.
Nadie ha dado con la clave del crecimiento, nadie ha sabido, hasta la fecha, dar con la formula secreta que harÃa que muchos paÃses anclados en la pobreza salgan hacia delante. Los grandes macroeconomistas de nuestro tiempo han sabido modelizar el crecimiento de muchos paÃses a posteriori, pero no son capaces de predecir que necesitan tantos paÃses pobres para salir del agujero en el que se encuentran.
Muchos coinciden en que es condición necesaria, aunque no suficiente, la existencia de instituciones fuertes capaces de establecer un orden legal que velen por la validez de contratos, cualesquiera que sean. Sin instituciones fuertes, los oligarcas serán cada vez mas adinerados a costa de la clase pobre. Sin instituciones fuertes el valor del contrato es despreciable, y la sociedad no puede operar, porque sus individuos no se ven obligados a cumplir con lo pactado, y actúan en su propio interés.
El valor del contrato. Otro de esos conceptos abstractos que funcionan en Occidente y que, como otros tantos aspectos de la vida cotidiana, damos por hecho.
Sep
El valor del contrato
Written on September 24, 2007 by Max Oliva in Development


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