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Dec

Santiago Iñiguez, Dean and Professor of Strategy
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Referring to the text about TED Global, November 30, I should mention a presentation made by professor Hans Rosling, that concerns Africa and its growth, that was made at TED and more recently in Paris at LeWeb3.
Here is the link to his presentation
“Hans Rosling is professor of international health at Sweden’s world-renowned Karolinska Institute, and founder of Gapminder, a non-profit that brings vital global data to life. With the drama and urgency of a sportscaster, he debunks a few myths about the “developing” world. (Recorded February, 2006 in Monterey, CA.)”
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Antonio Carbonell December 22, 2006 - 8:09 pm

La Responsabilidad Social Corporativa o el límite necesario del liberalismo.
Viviendo en un mundo cada vez más informado y falsamente globalizado, precisamente por la conducta, acciones y barreras establecidas por el llamado mundo desarrollado (ayudas de la PAC o del USDA, restituciones, subvenciones o ayudas económicas a las exportaciones), las personas del primer mundo observamos atónitos lo que ocurre en nuestro entorno, sin atrevernos a enfrentarnos con sinceridad y valentía a sus posibles causas.
Así, se disparan nuevas formas de esclavitud donde el propio esclavo es quien paga, incluso con la vida, el viaje hacia su pérdida de libertad, persiguiendo utópicos “dorados” que le hagan aumentar su capacidad de adquisición, bajo la noble pretensión de posibilitar un futuro mejor para su descendencia. De igual forma los mandatarios de numerosos países, incluso regidos bajo supuesta ideología socialista, ignoran la explotación laboral de sus conciudadanos en aras de crecimientos de su PIB otrora impensables.
Pero no sólo en países subdesarrollados o en vías de desarrollo se aprecian estas perversiones éticas. Incluso los ciudadanos de las economías del bienestar, permanecemos endeudados durante gran parte de nuestra vida, bajo supuestas justificaciones económicas o financieras que nos ocultan los verdaderos bienes embargados: la libertad de decisión, la salud física o mental o los valores de una escala que ha sido manipulada. Ya que ¿Qué justificaríamos si por algún motivo, nuestras deudas superasen en algún momento el valor de mercado del bien previamente financiado?
Y, ¿Por qué puede estar pasando esto? Posiblemente las filosofías económicas de organización social dominantes del siglo XX (liberalismo y socialismo), pudieron servir para superar las situaciones creadas por los conflictos armados acaecidos, pero no parecen ser absolutamente eficaces para resolver la realidad del siglo XXI. Posiblemente los defensores de ambas corrientes considerarán que dicho fracaso responde a la inaplicación radical de cada uno de sus principios básicos, pero sometería a su consideración si, quizás, variables como capital, tierra y trabajo han podido perder peso relativo en lo que cada individualidad subjetiva estima como valor, o si bajo las sociedades denominadas liberales, se esconden estructuras maquilladas de intervencionismo paternalista.
Parece apreciarse que la realidad pasada premió a aquellas comunidades que optaron (con numerosos matices y restricciones) por lo que se definió como teoría monetarista y liberalismo económico, pero ¿Cómo se pueden atemperar ciertas variables inmorales que se han desarrollado en su seno como son la explotación infantil, la contaminación del medio en países del tercer mundo o la fuga masiva del capital intelectual más cualificado mediante la inmigración hacia más desarrollados? Posiblemente su remedio resida a modo de perversión en el egoísmo que genera dicho modelo económico, bien porque nos sea molesto divisar como llegan cientos de africanos hacinados en una patera pidiendo agua y tiritando, mientras nos divertimos con nuestras familias en la costa, porque padezcamos restricciones de ciertas materias primas imprescindibles para nuestro estilo de vida o porque nos aterrorice que nuestros hijos o amigos puedan ser moneda de cambio como víctimas de actos terroristas para alguien que no tiene nada que perder ante nuestros sistemas morales y legales establecidos. Si los estados no son capaces de defender la vida, la dignidad, la justicia, la libertad y la economía de sus ciudadanos ¿Tiene sentido su existencia?
Para evitar esta trayectoria hacia el caos, es necesario equilibrar los intereses de cada grupo de personas implicado. Pero parece que el intento de corrección de estos desequilibrios mediante la intervención de los mercados por parte de los Estados o asociaciones internacionales, sólo sirve para desarrollar nuevas formas de corrupción. Y cualquiera que haya viajado por otros continentes, comprende que tanto la alianza de civilizaciones (a pesar de ser una declaración de buenas intenciones), como las ocupaciones militares (incluso con los más elevados objetivos) no sirven para resolver estos problemas, ya que a la postre, sólo son otras formas de intervencionismo, y como todas las existentes, sólo conducen a crisis humanitarias, económicas y sociales.
Quizás debiéramos plantearnos si estas grandes actuaciones debieran ser conseguidas mediante la suma de pequeñas acciones desarrolladas por las propias empresas (multinacionales o pymes) mediante la aplicación de una filosofía que, con objetivos de recompensa individual (como son la consecución de beneficios, el reconocimiento social o de marca o la identificación de participantes con la entidad que las desarrolla), englobasen aspectos éticamente más amplios. Esta pasa por conseguir la supervivencia de la propia organización como situación menos desfavorable para todos sus agentes implicados (activos o pasivos), para lo que necesita entornos relativamente estables por espacios de tiempo lo más amplios posibles. Y para conseguir estas condiciones es necesario que se adopten acuerdos equilibrados (concepto distinto a equitativos) entre los grupos interesados en la supervivencia de dichas empresas, aplicando la teoría del equilibrio volumétrico en la que se justifica la necesidad que tienen las empresas de realizar equilibradamente sus inversiones entre sus distintos stakeholders (accionistas, empleados, proveedores, clientes y la sociedad que la posibilita) para incrementar el valor económico añadido que ésta genera en el tiempo, ya que estos grupos con intereses en la empresa pueden alcanzar distintas posiciones de equilibrio para el conjunto de sus intereses confrontados, que no se corresponden con la situación de máxima ganancia para un solo grupo de interés en exclusividad, permitiendo para el conjunto de todos ellos, situaciones de colaboración estable en el tiempo, que a su vez posibilita retornos económicos globales superiores a los conseguidos con acciones individualistas por cada uno de ellos y manteniendo situaciones de desarrollo menos injustas para algunos de sus participantes a las acaecidas con las ideas de aprovechamiento desarrolladas en las formas actuales de liberalismo.
Desde el punto de vista filosófico, se presentan dos actitudes básicas, frente a la mencionada necesidad de cambio:
A) Mantener la idea de que el capital y el trabajo deben continuar separados y enfrentados como propugnaban las corrientes económicas del siglo pasado.
B) Adoptar una visión de futuro, bajo la que las corporaciones socialmente comprometidas, integrarían a todos los grupos partícipes de su actividad: accionistas, empleados, proveedores, clientes y la sociedad persiguiendo la adopción de una posición de equilibrio entre sus intereses a pesar de que, como apuntó el profesor Schumpeter , puntualmente pudieran presentarse desequilibrios entre dichos grupos de interés en el devenir económico de las compañías.
Así, la responsabilidad social corporativa (RSC) se convierte en una evidente fuente de valor económico y social. La adopción de la filosofía expuesta, implica un cambio importante en el concepto tradicional de la estrategia. Para la estrategia clásica, la misión de la empresa trataba sobre la disposición secreta de peones en una supuesta partida de ajedrez, para vencer a los competidores , siendo la cuota de mercado el juez decisor de la victoria. Con esta nueva orientación “la competencia del mercado no implica antagonismo en el sentido de confrontación de intereses incompatibles. La función de la competencia consiste en asignar a sus miembros, aquella misión en cuyo desempeño mejor pueden servir a la sociedad. Por el momento conviene resaltar que es erróneo aplicar ideas de mutuo exterminio a la recíproca cooperación que prevalece bajo el libre marco social.” Abundando en el razonamiento anterior, Prigogine determina que “los sistemas abiertos evolucionan hacia el régimen permanente, estado de equilibrio en el que permanecerán mientras objeto y entorno mantengan intercambios compensados”. Cuando no lo son, la dificultad de sus componentes para reconocerse en una estructura económica como son las grandes empresas, favorece el individualismo competitivo y la progresiva tendencia de dichas organizaciones hacia sistemas aislados, que tienden hacia su máximo de entropía como punto de equilibrio del mismo. Estos sistemas se caracterizan por su crisis de gobernabilidad y por la aplicación de modelos eficaces en otras situaciones que sólo sirven para retrasar su quiebra económica. En esa situación es necesario que todos sus stakeholders participen de forma solidaria para conseguir sus objetivos globales, independientemente de los objetivos particulares de cada grupo, ya que si la empresa cae en uno de esos ciclos de estabilidad por estar temporalmente adaptada a los cambios e incertidumbres que se generan en su entorno, permanecerán en él hasta ser de nuevo “perturbada” desde el exterior por un nuevo cambio. Si dicha perturbación fuese inferior a un determinado “umbral de intereses” dado, la empresa retornaría al ciclo original del “atractor” sin salir de la “cuenca” o trayectoria aparentemente definida. Si la perturbación superara por el contrario el mencionado umbral, produciría una situación de crisis en la empresa, sólo superable con el establecimiento de un modelo de gestión diferente.
Lo expuesto conduce al desplazamiento de los centros de decisión, desde el antiguo directivo situado en el vértice de una estructura de forma piramidal, al centro de gravedad de dicho sistema, en el que la distancia de este centro gravitatorio a cada uno de los distintos vértices o stakeholders, estaría influida por las inversiones realizadas por las entidades en cada uno de ellos.
Esto justifica la creación de estructuras adhocráticas temporales y relativamente espontáneas, ante proyectos o situaciones que necesitan de la variedad de capacidades como motor de resolución de las contradicciones existentes en organizaciones de estructura piramidal. En estas últimas, llega un momento en el que la capacidad de crecer se detiene (colapso), y a partir de ese momento, comienzan a alejarse del equilibrio progresivamente hasta alcanzar el estado en el que sus líderes se consideran fines en si mismos.

Carrie December 13, 2015 - 8:11 pm

Is it possible to find a full version of his speech and a presentation? I would need a few citations for my current project at http://www.customwritingcenter.net/buy-custom-essay.php .

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