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Dr. Javier Carrillo Hermosilla, Director Ejecutivo del Centro para la Gestión Eco-Inteligente en el Instituto de Empresa.
Mirra.jpg Los directivos que aspiran a crear un modelo de negocio ambientalmente sostenible, se enfrentan a una complicada tarea. Nuestra economía industrial actual se estableció y evolucionó sin esta presión de la sostenibilidad. Cuando en el siglo XIX los líderes de la revolución industrial, como Ford, Edison y Vanderbilt, descubrieron la electricidad o fabricaron el primer automóvil, la sociedad no mostraba demasiada preocupación por el cuidado de la naturaleza. De hecho, en el siglo XIX la mayoría de estos gigantes industriales no podían siquiera imaginar que la actividad humana dañaría de modo irreversible el medio ambiente. Hoy día, sin embargo, somos mucho más sensibles acerca del impacto de las actividades industriales sobre los ecosistemas. Y lo somos porque disponemos, además, de una eco-inteligencia que no teníamos en el comienzo de la economía industrial moderna.
El actual desafío para los empresarios reside en la incorporación de esta eco-inteligencia en nuestros productos y procesos de manufactura. Al comienzo de los años 1970, la estrategia de abordar los problemas de contaminación mediante el tratamiento de las emisiones en las chimeneas y desagües de las factorías se convirtió en la aproximación estándar al impacto ambiental de la actividad productiva. Era la solución más sencilla, ya que no requería cambios importantes en las operaciones de manufactura existentes, tan sólo añadir un sistema que captara y tratara la contaminación al final del proceso. Estas soluciones, denominadas “de final de tubería”, suponen hoy día alrededor del 80% de los gastos de control de contaminación de las compañías en las economías industrializadas. El problema de estas “soluciones”, además de su discutible eficiencia en términos ambientales, es que son costosas y no añaden valor a los bienes producidos. Más importante, tan sólo están tratando los síntomas del problema, no la raíz de sus causas, que reside en el diseño fundamental de los productos industriales.
A la luz del progresivo deterioro ambiental al que asistimos, es evidente que no podemos permitirnos mantener un mal diseño mediante mejoras incrementales de los sistemas existentes. Los diseños ambientalmente erróneos pueden hacerse “menos malos”, pero tan sólo su replanteamiento permite hacerlos inherentemente seguros y eco-inteligentes. La eco-inteligencia debe ser incorporada al comienzo de la fase de diseño, no es algo que se pueda añadir al final. Hacerlo no significa necesariamente sacrificar la estética, renunciar a la funcionalidad o incrementar los costes. De hecho, los productos que incluyen entre sus criterios de diseño la eco-inteligencia son percibidos como de mayor calidad o valor.
Ford U.jpg
Encontramos algunos ejemplos de éxito en el “Modelo U” de Ford, en la premiada silla de oficina “Mirra” de Herman Millar, en el tejido “Climatex Lifecycle” de Rohner o en el calzado “Wabi” de Camper. Se trata de compañías que están a la vanguardia de la llamada “Nueva Revolución Industrial”. Estas compañías están volviendo al tablero de diseño para crear nuevos productos que incorporan la eco-inteligencia desde el principio del proceso de innovación. El “Modelo U” (siguiendo al famoso “Modelo T”) de Ford Motor Company es un nuevo concepto de automóvil que ofrece todas las comodidades y funcionalidades de un vehículo normal, pero que ha sido diseñado evitando desde el principio todos los aspectos ambientalmente dañinos. Se trata de una visión de coches fabricados completamente a partir de materiales que tienen un impacto positivo en las personas y en el entorno ambiental; sus componentes son elaborados y ensamblados de modo que puedan separarse cuando el automóvil es desensamblado, y son devueltos a la tierra o a la industria; los polímeros y metales son recuperados y reciclados con el mismo o mejor nivel de calidad, para su uso generación tras generación de vehículos; los motores son alimentados con energía que se deriva del sol, y no producen contaminación. Claramente, el éxito de un vehículo eco-inteligente abriría el camino para eliminar numerosos problemas ambientales en torno a la industria del automóvil.
camper wabi.jpg
El desafío se encuentra en implementar la eco-inteligencia a escala global. Si hubiéramos dispuesto de la actual eco-inteligencia en el siglo XIX, es indudable que habríamos diseñado una economía industrial muy diferente de la actual. Los gestores de hoy deben enfrentarse a este desafío de rediseñar sus industrias al completo para incorporar la eco-inteligencia. La recompensa puede ser el éxito empresarial y el reconocimiento de convertirse en el Henry Ford de la nueva revolución industrial.

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Francisco Gabler September 6, 2006 - 2:55 am

Economía Ambiental y Sociedad
La economía ambiental es definida como aquella disciplina que estudia el efecto de la economía en el ambiente, la importancia del entorno ambiental para la economía y la forma más apropiada de regular la actividad económica, a través de un equilibrio entre los objetivos ambientales, económicos y sociales. Entendiéndose, a manera de ejemplo, que la generación y emisión de un contaminante es derivado del provecho logrado del trabajo sobre un elemento que contiene a ese contaminante, y la economía ambiental plantea que se obtienen también pérdidas en utilidad derivadas de la contaminación que ocasiona dicho elemento.
Alcanzar una clara idea de la política en la economía ambiental no es sencillo.
Ya que se requiere una consideración compleja de la relación sociedad-naturaleza: 1) la relación riqueza-calidad ambiental, 2) producción de bienes y costos de acuerdo con la contaminación, 3) determinar los daños derivados por la contaminación, 4) preferencias individuales y disposición a asumir los gastos de la contaminación, y 5) binomio conservación y desarrollo.
La economía ambiental aporta a la economía importantes ideas sobre las valuaciones no monetarias. Asimismo la economía ambiental adopta instrumentos desarrollados en la economía para utilizarlos en cuestiones relacionadas con el medio ambiente. También, se pueden precisar las diferencias entre la economía ambiental, la ecológica y la economía de los recursos naturales.
Para entender la importancia de la economía ambiental se debe tener una clara apreciación del nivel de los problemas ambientales. Esta idea se desarrolla considerando una historia reciente de los problemas ambientales, a través del análisis de cómo los dilemas han cambiado en el mundo en las últimas décadas. En segundo lugar describe la forma cómo los países han enfrentado los problemas ambientales y sus estrategias de regulación, especialmente cuando se consideran incentivos económicos para tales regulaciones.
La política ambiental para la toma de decisiones y lograr el equilibrio entre protección ambiental y uso o aprovechamiento del medio. La pregunta se puede responde utilizando un ejemplo en particular: la contaminación ambiental de la zona urbana del gran Santiago de Chile.
Expresado en palabras más sencillas, la utopía de un aire limpio, implica no usar los automóviles, ventaja ambiental que se convierte en una economía ineficiente. La respuesta a la pregunta debe fundamentarse en la aplicación de la eficiencia más conveniente. En este sentido, se revisan dos conceptos básicos de eficiencia: 1) la eficiencia al obtener la cantidad correcta de control de la contaminación y 2) la eficiencia al asignar la responsabilidad del control a los agentes correspondientes. Presentando los métodos para alcanzar los mejores niveles de eficiencia, se trata la eficiencia en el intercambio de bienes, en los mercados, en el intercambio en sí mismo. Será entonces la eficiencia en ese intercambio lo que nos lleva a la eficiencia en la producción y en los mercados, por lo que el equilibrio, o mejor, sentido de la eficiencia, es lograble en la tradicional relación de oferta y demanda.
En economía ambiental, las distorsiones o fallos del mercado son indicadores de problemas ambientales, por lo que se propone la revisión de estos fallos, entendidos como males públicos y externalidades. Puede concluirse, entonces, que las condiciones del mercado son las más deseables cuando el mercado es competitivo. Se destaca que una de las fallas del mercado puede referirse a los vicios existentes en el derecho de propiedad; este derecho bien definido es un requisito fundamental para incentivar la competitividad en el mercado. Uno de los ejemplos utilizados es muy claro, el caso de la basura. Si no hay leyes que prohíban su inadecuada disposición se convierte entonces en no excluible, pero si tales leyes existieran, el sistema de precios funcionará para asegurarse que habrá una forma adecuada para su disposición. Autores de la economía ecológica presentan el teorema de Coase para sustentar una situación de eficiencia en las competencias del mercado.
A efectos de lograr la corrección de los males del mercado, en el caso de la contaminación, se analiza el uso de los impuestos pigouvianos (creados por el economista inglés Arthur C. Pigou, a principios del siglo XX). Si el contaminador paga por unidad de contaminación emitida al ambiente, procurará pagar lo menos posible, corrigiendo así, al menos en teoría, esa desviación del mercado. Asimismo plantea el conflicto entre impuestos y subsidios; en este sentido, el planteamiento será que el contaminador paga a las víctimas de la contaminación por el daño causado o la víctima debe pagar al contaminador para que no contamine. Este conflicto puede observarse en el corto y mediano plazo, y no resolverlo generará una competencia imperfecta en el mercado, generando entonces mayores distorsiones. (No se debe olvidar que uno de los principios de la Ley de bases del Medio Ambiente chilena 19.300 es “el que contamina paga”).
El caso del control de la contaminación, aun a través de la aplicación de impuestos pigouvianos, requiere la intervención del Estado, la acción gubernamental. Esta acción, además de los impuestos, puede orientarse a señalar el tipo y cantidad de contaminación permitida, pero no siempre esta acción se verá coronada por el éxito, resultando que algunas formas de intervención son mejores que otras.
el procedimiento de la regulación, aplicada a través del comando y control o con incentivos económicos. Asimismo presentar en forma detallada el manejo de estrategias de impuestos sobre emisiones y sobre permisos transferibles, destacando cómo éstas pueden variar en el tiempo y el espacio sobre la cual se aplican.
La toma de decisiones, por parte del Estado, para imponer estrategias de control, debe estar muy bien sustentada en el sentido de que la relación entre contaminación y daño generado por la misma sea una relación causal muy clara, para poder entender el valor real de reducir el riesgo. Aquí la información real y objetiva tiene una gran importancia y, por lo tanto, un costo también importante, costo que puede irse minimizando cuando interviene el sentido de responsabilidad de las partes involucradas.
La importancia de la competencia, tanto al nivel internacional como nacional, al momento de establecer políticas de control de contaminación ambiental, fundamentándose en lo que sucede en un país. No es lo mismo que puede ocurrir en otro, pero la situación de uno sí puede influir en otro, considerando la diferencia de ingresos, y pudiendo sustentar el principio que a mayor ingreso per cápita menos contaminación o puede ocurrir que en un principio la contaminación disminuya y luego se incremente. Este hecho puede estar relacionado con el principio de que un Estado pudiera establecer regulaciones ambientales poco rigurosas con la idea de incrementar el atractivo de capitales y, por consiguiente, lograr el incremento del empleo.
Las reflexiones sobre competencia ingreso-contaminación, pueden conducir a la definición de países “paraísos de la contaminación”, lo que generaría problemas ambientales definitorios de subdesarrollo y cuya alternativa es la de acuerdos internacionales, caracterizados por un complejo proceso de cumplimiento.
Las estrategias para la definición de regulaciones ambientales óptimas, al nivel de empresas, sustentadas en la evaluación de las consecuencias que puedan generar tales regulaciones. Asimismo analiza la demanda de los productos ambientales y su significado en el mercado, destacando las ventajas de los mismos, a diferencia de aquella teoría sobre la idea de que la inversión ambiental restringe el crecimiento económico.
“preferencia revelada”, definida como la preferencia por bienes ambientales a partir del comportamiento observado en las transacciones de mercado. Los valores de preferencia se propone medirlos a través del denominado “precio hedónico”, que permite medir el precio de las cosas con diversos niveles de contaminación, e intentar ver cómo se modifica ese precio cambiando los niveles de contaminación y todo lo demás se mantiene constante. El ejercicio se realiza primero sin considerar la mano de obra y después tomándola en cuenta como valor móvil. Otra forma de preferencia la revelan los productos ambientales en sí mismos, como un parque nacional, cuyos productos comerciales permiten su disfrute. Otro caso es el ruido, cuyos productos comerciales podrían contribuir a reducir su efecto negativo.
Cuando se trata de grandes proporciones de bienes ambientales, son consideradas a través de los denominados “mercados construidos”, o valoración de bienes ambientales por su simple existencia, sin relacionarlo con el uso posible, como el de una vista panorámica de un área determinada. Se presentan dos tipos de mercado construido: el hipotético y el experimental. El primero consiste en preguntar al cliente potencial cuánto pagaría por un bien, si hubiera un mercado para ese bien. El segundo, el experimental, se construye en todas sus características al nivel de laboratorio.
Una amplia bibliografía e índices onomástico y analítico completan esta obra de la economía ecológica que en chile la estamos dejando a un lado en las facultades de economía y permitir una amplia visión, sobre la importancia y aplicación de la economía ambiental en la realidad del mundo de hoy.

Amaryllis November 12, 2009 - 5:12 am

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ramiro sanz August 21, 2010 - 2:45 pm

comparto con el autor que para entender la importancia de la economía ambiental se debe tener una clara apreciación del nivel de los problemas ambientales

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Latisha March 20, 2015 - 6:48 am

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